Retrovisor

Por Ivonne Melgar

Morena: el desorden tiene ganador

Cualquier gesto del Presidente puede catapultar o hundir a los candidatos con posibilidades de ganar las encuestas que el INE habrá de aplicar en octubre, por instrucciones del Tribunal Electoral

Se maneja con éxito la historia de que la guerra por la dirigencia de Morena es una pelea adelantada por la sucesión de 2024.

Me temo que se trata de una ilusa interpretación de los pleitos en torno al avasallante poder de una marca que difícilmente será desplazada en 2021.

Y es que, independientemente de quienes lo conduzcan, Morena encabeza las preferencias electorales para el próximo año.

Mario Delgado puede ser el candidato de los moderados y Porfirio Muñoz Ledo el de los radicales puros. Pero eso no cambia una realidad monumental: ese partido es el aparato electoral del Presidente.

Pretender que la llegada del coordinador de los diputados a la dirigencia beneficiará las aspiraciones de Marcelo Ebrard es ignorar lo que atestiguamos cotidianamente: ningún integrante de las estructuras gubernamentales y partidistas de la autoproclamada Cuarta Transformación puede contradecir a López Obrador. Y el que se atreve, se va.

Así que la idea de que sólo Porfirio Muñoz Ledo puede evitar que el canciller y políticos como el líder en el Senado, Ricardo Monreal, y el gran operador mexiquense, Higinio Martínez, desplacen a la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y a la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, las dos mujeres que aspiran a la candidatura Presidencial, es negarse a la realidad: en la administración pública y en Morena se hace lo que López Obrador decide.

Y para cualquier observador de Palacio es evidente que los afectos y las expectativas futuristas benefician a la gobernante capitalina.

Imaginar un hipotético escenario en que el dirigente de Morena iría en contra de los deseos del Presidente —como en el PAN con los delfines de Vicente Fox y Felipe Calderón— es no entender el hiperpresidencialismo que tenemos.

Por eso es que cualquier gesto o guiño del Presidente puede catapultar o hundir a los candidatos con posibilidades de ganar las encuestas que el INE habrá de aplicar en octubre, por instrucciones del Tribunal Electoral, ante la incapacidad del partido para renovarse en apego a sus estatutos.

Y vaya que López Obrador tendría motivos para dar un manotazo ante el daño que los puros duros, comandados por Bertha Luján, le están haciendo a la marca Morena en su pleito contra Delgado como enviado “del ambicioso millonario canciller Ebrard y su grupo”. Porque con ese “diagnóstico” de que “los arribistas” se quieren quedar con el partido, convencieron al diputado Porfirio Muñoz Ledo de encabezar la pelea.

Pero como lo revela el audio de la conversación entre Bertha Luján y el presidente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, ahora ya no saben cómo parar al decano legislador en su embate contra el canciller. Peor aún: su campaña no está levantando, según esa plática, a pesar de contar con el apoyo de Sheinbaum y del gobernador de Veracruz, Cuitlahuac García.

Si bien ese audio confirma el temor de los radicales ante un eventual triunfo de Mario Delgado, su difusión evidencia la vulnerabilidad de ese grupo ante la posible derrota y cómo podrían estar siendo traicionados por enlaces del gobierno capitalino.

Pero la mala racha de los puros no inició en esta coyuntura, sino con el consejo presidencial de ir a una encuesta para determinar el relevo partidista. Hay autoengaño en esa historia de Luján y Ramírez Cuéllar de que los magistrados del Tribunal se entrometen porque sí en la vida de Morena.

Es un hecho que la elección por la vía de las encuestas tiene el visto bueno de López Obrador. Y que él sabe que éstas podrían beneficiar a Mario Delgado. Aunque eso no garantiza que ante un enredo conflictivo del proceso, éste pueda ser descarrilado con una descalificación presidencial.

También es un hecho que la jefa de Gobierno no apoya la candidatura de Mario Delgado, como pudieron constatarlo quienes supieron de un encuentro reciente entre ambos y en el que la distancia política quedó confirmada.

Sin embargo, es una incógnita si López Obrador y Sheinbaum se limitarán a ser observadores de un proceso que ya le quitó el control del relevo a lo que el candidato Alejandro Rojas Díaz Durán llama la nomenclatura de la izquierda trasnochada, y le está permitiendo a Yeidckol Polevnsky demostrarle a ese grupo que aún tiene un buen pedazo del partido a su favor.

Lo evidente y cierto es que ante la amplia expectativa de poder que representa, Morena concentra los afanes de los profesionales de la política y del personaje que hoy encarna el relevo generacional, Gibrán Ramírez, el joven candidato que ha tenido una exitosa campaña y que mejor ha descrito lo que Morena necesita:  “establecer un piso mínimo de decencia y reglas claras para generar una convivencia democrática”.

Porque si algo ha quedado claro en este proceso es que ese partido carece de un orden institucional. Ahí no hay diálogo ni coexistencia civilizada. Todos contra todos.

Y es que Morena es la exitosa marca electoral del Presidente.

PD: Tomamos una pausa. Y nos reencontramos el sábado 18 de octubre.

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