Óscar Eyraud, el activista que luchó por el agua

Óscar Eyraud Adams, el activista defensor del agua para los pueblos indígenas asesinado ayer, decía que mientras las empresas transnacionales mantenían concesiones de millones de metros cúbicos de agua, en el mismo Municipio, la comunidad Kumiay de Juntas de Nejí carecía del recurso, al punto de no tener para uso doméstico.

Más aún, los indígenas están imposibilitados para acceder a cualquier proyecto productivo dentro de sus propias tierras, repetía el hombre de 34 años que fue perseguido en el centro de Tecate la noche del jueves 24 de septiembre y acribillado a balazos dentro de su domicilio.

Una vecina contó a Grupo REFORMA que duraron tanto los balazos que corrió a esconderse bajo de la cama. Los casquillos quedaron regados por las ventanas, paredes y el piso, añadió un familiar que tuvo que ocultarse entre una puerta y la cabecera de la cama para no ser atacado.

La mamá de Eyraud Adams aún no comprende la razón del ataque. “Todos le querían y le guardaban cariño, era muy tranquilo, adoraba a sus sobrinas”, platicó desconcertada.

Recuerda que el activista defendió siempre las causas nobles de la comunidad de Juntas de Nejí, perteneciente a la etnia Kumiay.

“Yo no soy de Nejí, Nejí es mío”, decía Óscar, según el testimonio.

Pero Eyraud Adams no podía vivir ahí porque no había agua para proyectos productivos, y por ello los más jóvenes de la comunidad indígena estaban migrando.

“Los integrantes más jóvenes de la etnia tienen tierra, pero no pueden hacer nada con ella”, refería.

“Y hay que migrar a las ciudades”, lamentaba, “para intentar obtener empleos de maquila donde no les alcanza para ayudar a sus familias que aún viven en la comunidad, además la cosmogonía, las tradiciones del pueblo se van perdiendo”.
La comunidad alejada
Entre accidentados caminos de terracería, apenas un vehículo todo terreno entra en los primeros ranchos de la parte baja de la sierra, a unos 50 kilómetros al sur de la Ciudad de Tecate, donde una dispersa colectividad busca sobrevivir tras la pandemia.

Están tan alejados debido a la falta de recursos y los irregulares caminos, que el peor temor ahora no es el Covid-19, sino la falta de trabajo y, por lo tanto, de alimento.

Sobre una parcela llena de maleza y pedazos de manguera seca, el activista señaló en ese entonces el lugar donde su familia y él intentaron sembrar árboles frutales y nopales en el 2012.

“Aquí teníamos 3 mil pencas de nopal, 200 árboles frutales y una huerta para autoconsumo, de un proyecto que nos aprobó la Comisión Nacional Forestal, a través de Prodesnos (Proyecto de Desarrollo Sustentable para las Comunidades Rurales e Indígenas del Noroeste Semiárido)”, platicó.

“Todo esto desapareció por falta de agua, no tenemos permiso para extraer agua, quisiéramos que la titular de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Blanca Jiménez Cisneros, nos considerara antes que a las grandes empresas consumidoras de agua, como la Constellation Brands (en Mexicali) o Heineken con su concesión de agua en el Municipio de Tecate”.

En el lugar, Heineken, Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, tiene concesionados casi 2 millones de metros cúbicos anuales de agua en el Municipio de Tecate, a través de 13 pozos, según el Registro Público de Derechos de Agua (Repda).

Pero 11 de los pozos concesionados a la cervecería ya están abatidos, de acuerdo a la Dirección de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tecate (Cespte). La empresa declinó dar una postura.

El acuífero del que Heineken extrae el agua se encuentra sobreexplotado y ahora ya está en veda, indica la “Actualización de la disponibilidad media anual en el acuífero 0202”, publicada en el Diario Oficial del 4 de enero del 2018.

Eyraud Adams, quien salió de su comunidad por la falta de trabajo, solicitó a las dependencias federales priorizar la necesidad humana de los pueblos originarios.

“Esos títulos de concesión deberían ser para la comunidad indígena antes”, recalcó, “no tener el recurso pone en peligro la cultura, pone en riesgo (la permanencia de) esta comunidad, ¿cómo vamos a acceder a apoyos si no tenemos agua?”.

José Enrique Cuero, indígena de la comunidad Juntas de Nejí parte alta, vive junto con su familia sin telefonía, sin acceso a internet, ni agua potable por tubería, no hay alumbrado público y ellos mismos construyeron una escuela primaria, porque “las autoridades acá no llegan”.

Los ranchos de las familias se localizan a 400 metros de un arroyo, al que por ahora sólo aprecian de lejos, sin poder utilizar de manera productiva esa agua, ni siquiera para la siembra de su huerta de autoconsumo.

Y la edad ha mermado sus ánimos, dice Cuero.

“Intentamos sembrar, pero no nos abastece el agua del arroyo, es muy poca el agua, mientras no llueve no hay agua, si hay nieve hay poquita agua, pero hace años que no nieva”, recordó.

El rancho de Cuero se localiza a 100 kilómetros de la ciudad de Tecate y a unos 22 kilómetros del poblado Loma Tova, donde pueden abastecerse de garrafones de agua, es difícil estar yendo y viniendo con la gasolina de alto precio.

“(Las autoridades) Nunca han venido para acá, he metido varios proyectos de siembra, de cría de chivas, de invernaderos y nomás prometen y ya no vuelven, siendo indígena casi no nos hacen caso, siento que es discriminación, solo en las campañas vienen”, menciona.

Algunos pobladores de Juntas de Nejí tienen más de una década solicitando proyectos productivos a las secretarías federales y estatales, pero fracasan por falta de agua. Algunos tienen pozos, pero éstos han ido disminuyendo su capacidad y no alcanza ni para el consumo doméstico.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) en Baja California confirmó que para cualquier proyecto que requiera inversión se pide que el solicitante tenga una concesión de agua vigente, por reglas de operación de la dependencia.
Indígenas sin agua, problema nacional
Maira Olivo Paz, indígena zapoteca de Juchitán, Oaxaca, y abogada del Centro de Derechos Indígenas Flor y Canto, refirió que hay instrumentos legales que impiden que los pueblos originarios en México puedan administrar el agua de sus territorios o puedan acceder a ella sin necesitar de una concesión.

“En nuestro País todavía no se reconoce la propiedad sobre los recursos hídricos que tienen los pueblos originarios”, lamentó en entrevista.

“El principal problema es que no hay una armonización de las leyes, desde la Constitución, y la Ley de Aguas Nacionales vigente, con los convenios y tratados internacionales”.

Entre un 50 y 70 por ciento de las concesiones, refirió, están en manos del 2 por ciento de usuarios en México.

“Hay una injusticia hídrica brutal que vivimos en el País”, expresó.

“Se anteponen los intereses de terceros”, puntualizó, “en la realidad esos terceros son las empresas, los grandes negocios, esta redacción de estos artículos constitucionales han servido de pretexto para despojar de los recursos naturales”.

Por ello, urgió la necesidad de contar con una Ley General de Aguas, pues de otra forma la situación seguirá igual.

“(Una ley) Que reconozca los derechos territoriales de los pueblos indígenas sobre las aguas de los territorios que habitan u ocupan, esa es nuestra exigencia desde el norte hasta el sur, reconocer la gestión y sus propios mecanismos internos, sus sistemas normativos”.
Promete Conagua revisar concesión
El Director general del Organismo de Cuenca Península Baja California, Rafael Sanz Ramos, precisó que aunque la comunidad indígena Kumiay de Juntas de Nejí y la cervecería Heineken de Cuauhtémoc Moctezuma están en el mismo Municipio, no pertenecen al mismo acuífero.

“Ubicamos a esta comunidad territorialmente en un acuífero que se llama Las Palmas, no está en el mismo acuífero de Tecate, de donde saca agua la cervecera”, dijo.

“No es que el agua de la cervecera afecte a la comunidad”.

Sanz Ramos había hecho el compromiso de revisar las concesiones para la comunidad indígena.

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