Uso de Razón

Por Pablo Hiriart

Florida, la pata de conejo (y IV)

MIAMI, Florida.- Una larguísima caravana de vehículos con gente que ondeaba banderas cubanas y del candidato Joe Biden hacían sonar los cláxones y sacaban medio cuerpo por las ventanas en Bayshore, a la orilla del mar. Me pareció algo pintoresco aunque sin importancia estadística para la elección presidencial. Error.

Al día siguiente el periódico Miami Herald publicó lo esencial de la caravana, que en realidad fueron varias: “Se forman grietas en la base cubanoamericana de Trump”.

Sin ser EL estado clave, sí es uno de los cinco considerados ‘campos de batalla’ que definirán la elección presidencial.

Y es el único que ha movido la aguja de sus preferencias: de los 5.3 puntos porcentuales de ventaja que Biden tenía sobre Trump el 17 de agosto, la brecha se acortó a 2.8 al nueve de septiembre, y a 1.6 el reciente lunes, de acuerdo con el promedio de encuestas que realiza Real Clears Politics.

Para los republicanos, Florida es un amuleto tan certero como el pulpo Paul en el Mundial de Futbol: en un siglo, nunca un republicano ha ganado la presidencia de Estados Unidos sin ganar Florida.

Es un estado crucial por sus 29 votos en el Colegio Electoral, porque siempre divide sus preferencias, y ha votado por el ganador en todas las elecciones presidenciales desde 1964, salvo en una sola ocasión.

Si Biden quiere ganar la presidencia, necesita vencer en dos de los siguientes estados: Michigan, Pensilvania, Arizona, Florida y Wisconsin. Pero si pierde Florida, necesita ganar tres de los cuatro restantes, me explica la especialista política interna de Estados Unidos, y exasesora (en el gobierno de Obama) del procurador Erick Holder, la mexicana Lila Abed.

Y aquí la comunidad cubanoamericana tiene un peso electoral importante pues son, de lejos, la principal minoría por país de origen: 68 por ciento estaba con Trump hace un mes y medio, y sólo 30 por ciento con Biden.

Por eso las caravanas de cubanoamericanos en apoyo a Biden sí son noticia. ¿Muy pocos para influir en la estadística? En 2008 Barack Obama ganó Florida con una diferencia de 0.8 por ciento y Trump venció por 1.2 por ciento hace cuatro años. Y ahora Biden está arriba por 1.6 puntos porcentuales de llevarse los 29 votos que tiene el estado en el Colegio Electoral.

Aquí en Estados Unidos el candidato presidencial que gana un estado, así sea por un sufragio, se lleva la totalidad sus votos en el Colegio Electoral. Salvo en dos, Nebraska y Maine, donde el número se delegados se dividen de manera proporcional a los votos de cada candidato.

La reciente aparición de esa grieta entre los votantes de origen cubano puede hacer la diferencia. ¿No? George W. Bush ganó la presidencia de Estados Unidos gracias a los 537 votos de diferencia con que triunfó en Florida.

Al Cárdenas, de origen cubano y expresidente del Partido Republicano en el estado, tomó distancia de Donald Trump.

Mike Rivero, uno de los organizadores de las caravanas de cubanos pro-Biden, con ironía ‘felicitó’ a la campaña de Donald Trump, pues “ha hecho un gran trabajo avivando los temores del comunismo y del socialismo en nuestra comunidad. Suficiente es suficiente. No vamos a ser manipulados”, dijo al reportero David Smiley.

Luis Santeiro, un popular guionista cubanoamericano, escribió en el Miami Herald: “cuando etiquetamos de comunista o socialista a alguien con el que no estamos de acuerdo, sólo nos hacemos eco del régimen del que huimos”.

En el icónico barrio cubano de Hyaleah fue la caravana más numerosa en favor de Biden, donde un policía retirado despotricó contra Trump: ha destrozado a Estados Unidos y “Biden le devolverá la grandeza”.

George Marrero es el nombre del oficial converso a los demócratas en el cubanísimo Hyaleah.

Con un poco de imaginación podríamos llamarlo Néstor Camacho, el policía de origen cubano que creó Tom Wolfe en su célebre libro Bloody Miami, recomendable para quien quiera conocer más y entretenerse con las historias fantásticas de este cosmopolita y gran pantano.

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