Política de principios

Por Juan José Rodríguez Prats

¿Perseverancia o necedad?

Nadie le puede negar a López Obrador su descomunal perseverancia. No encuentro antecedente similar en nuestra historia. Tal vez Porfirio Díaz se le aproxime en la virtù más importante del político, según Maruiavelo: el denuedo. Con enorme voluntad y coraje, nunca desistió en su ambición de ser Presidente

La realidad, siendo solo una, es percibida de distintos y contradictorios modos. Construcción social le denominan los sociólogos: enfoques en los cuales se combinan elementos objetivos y subjetivos que forman parte de los diagnósticos. Marcos de referencia que en momentos de crisis se partidizan e inician las decadencias. Eso está aconteciendo en México. La polarización se decantó hace unos días con ciudadanos, en un extremo, que externan su rechazo a la política, su desprecio a los partidos y exigen la renuncia del Ejecutivo federal; en el otro, una autoridad que soezmente se burla de las protestas y provoca aún más irritación, provocando que los participantes en el acto subversivo persistan en sus actitudes y demandas. Encontronazo del cual no puede emanar ningún acuerdo o diálogo para finalizar el conflicto.

Nadie le puede negar a López Obrador su descomunal perseverancia. No encuentro antecedente similar en nuestra historia. Tal vez Porfirio Díaz se le aproxime en la virtù más importante del político, según Maquiavelo: el denuedo. Con enorme voluntad y coraje, nunca desistió en su ambición de ser Presidente. Lo malo es que, con la misma pasión y contundencia, se aferra a sus decisiones aun cuando los hechos le demuestren que se equivoca.

Designa colaboradores sin las mínimas capacidades que el cargo exige y que, además, no cumplen los requisitos prescritos en las leyes, como el director del FCE y la titular de la CNDH, por mencionar los casos más conspicuos. Respecto a las decisiones políticas y económicas, los expertos se han encargado de focalizarlas y señalar las desastrosas consecuencias en materia de seguridad, salud, economía y Estado de derecho.

El Presidente tiene una personalidad muy compleja. Pero no deja de asombrarme su actitud suicida. Ya abrió todos los frentes posibles y no percibo quiénes son sus aliados para los enormes desafíos que está enfrentando y que día con día aumentan. Confiar en las encuestas es aferrarse a un espejismo. Apoyarse en su entelequia de partido es una grave osadía y considerar a sus partidarios como “mascotas” a los cuales puede manipular con las dádivas de sus programas sociales no es suficiente para derrotar a sus adversarios.

Le creo cuando dice que lo suyo no es la venganza, lo suyo es el pleito. Desde siempre se ha sentido acosado, es un síndrome que se genera en la oposición. Habría que agregar que nutre su ego midiéndose con quien se le ponga enfrente, al precio que sea. Es una necesidad rabiosa.

Y a todo esto, ¿México hacia dónde va? Desafortunadamente, no hay elementos para el optimismo. Debemos darle de nuevo credibilidad a la palabra.

Coincido con quienes ven el proceso electoral del año próximo como crucial para evitar que Morena tenga mayoría en la Cámara de Diputados, pero eso sólo es coyuntural. Lo trascendente es retomar nuestro frustrado proceso de transición democrática.

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, utilizaba un concepto que me parece atinado para entender el momento actual: punto de bifurcación, cuando un sistema salta a un nivel superior de organización o se desintegra por completo.

Me convenció el planteamiento de Alejandro Foxley, secretario de Finanzas de Patricio Aylwin, presidente de Chile después de la dictadura de Pinochet: “…lograr un equilibrio entre cambio y continuidad. Los países maduros son aquellos que no siempre parten de cero. Tuvimos que reconocer que en el gobierno anterior se habían creado los fundamentos de una economía de mercado más moderna y desde ahí partimos, restaurando un romance entre desarrollo económico y desarrollo social”.

Comencemos por lo elemental: respetar la ley. El manoseo del derecho sólo conduce a una desmoralización colectiva. La única manera de levantar el ánimo del mexicano es con autenticidad y congruencia. Esa es nuestra indubitable verdad.

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