Bitácora del director

Por Pascal Beltrán del Río

El día que Obregón mandó al diablo a su partido

Hace un siglo, el partido político más poderoso de México era el Liberal Constitucionalista (PLC). Se formó en octubre de 1916, para participar en la elección de diputados al Congreso Constituyente, convocada el mes anterior por el primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, con base en el Plan de Guadalupe. La asamblea constitutiva se celebró en la Casa de los Azulejos, que había sido el Jockey Club durante el Porfiriato. La convocatoria fue lanzada por un grupo de militares revolucionarios triunfantes, entre ellos los generales Benjamín Hill, Pablo González, Cándido Aguilar y Álvaro Obregón. Su propósito era “poner en práctica los principios por los que se había peleado en la Revolución”.
Resuelta la elección de los constituyentes, el nuevo partido concretó su siguiente objetivo: apoyar la candidatura de Carranza a la Presidencia de la República, en los comicios del 31 de marzo de 1917. Durante los siguientes cinco años, el PLC se convirtió en el partido clave en el escenario político y electoral posrevolucionario. De acuerdo con la historiadora Georgette José, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, los peleceístas llegaron a controlar el Congreso, sobre todo en las legislaturas XXVII (1917-1918) y XXIX (1920-1922), así como los ayuntamientos del Distrito Federal, algunas gubernaturas y posiciones en el gabinete.
Durante el gobierno de Carranza (1917-1920), jugó un papel beligerante en el Congreso, de permanente rechazo a las políticas del gobierno, particularmente por parte de su ala radical. Cuando llegó el tiempo de la sucesión presidencial, el PLC apoyó a Obregón, quien se había retirado a su rancho a practicar la agricultura y preparar su campaña.
Derrocado y asesinado Carranza por la rebelión de Agua Prieta, Obregón fue candidato presidencial en las elecciones del 5 de septiembre de 1920. En la integración de su gabinete incluyó a algunos peleceístas como Benjamín Hill (Guerra y Marina), Antonio I. Villarreal (Agricultura y Fomento), Rafael Zubarán (Industria, Comercio y Trabajo) y Eduardo Neri (Procuraduría General de la República). El partido vivía su momento de mayor esplendor, pues, además, controlaba las cámaras de Diputados y Senadores, varios municipios del Distrito Federal y las gubernaturas de Oaxaca y Tlaxcala.
Envalentonado, buscó desaparecer las facultades extraordinarias del Presidente en materia hacendaria y revivió una iniciativa que ya había lanzado durante el gobierno de Carranza: transformar el régimen presidencialista en sistema parlamentario. La propuesta fue presentada el 28 de noviembre de 1921, casi un año después de la toma de posesión de Obregón, por el diputado duranguense Ignacio Borrego. Y aunque se quedó en el limbo, para el presidente Obregón significó el acabose. Unas semanas después, el sonorense mandó al diablo al partido que había ayudado a fundar y, a través de su secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, dio su apoyo a la coalición de los partidos Cooperatista, Laborista, Agrarista y Socialista del Sureste para las elecciones legislativas de 1922.
Con ello, el PLC perdió todo el poder acumulado durante los seis años anteriores. Afectado además por la repentina muerte de Benjamín Hill, terminó por desaparecer.
Seis años después, tras del asesinato de Obregón ‒quien era Presidente electo por segunda ocasión‒, Elías Calles funda el PNR, antecedente del PRI, y se convierte en jefe máximo de la Revolución Mexicana, situación que alteraría el presidente Lázaro Cárdenas enviando a Calles al exilio.
La historia de la Presidencia en el último siglo ha sido marcada, en parte, por la relación entre el Presidente y su partido. Eso sigue por definirse hoy, entre Andrés Manuel López Obrador y Morena.

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