Deja Elvira Ferriño gran legado de amor y trabajo

Hace poco más de un mes, dejó de existir una maravillosa mujer que entregó su vida en aras de los demás y sus hijas Mari, Rosa y Eva escribieron una hermosa historia de amor filial, para dejar constancia en esta tierra, de la huella dejada de su querida e infatigable madre, teniendo la gentileza de compartírmela, considerando un servidor hacerla pública para que ustedes aquilaten la gran calidad humana de esta dama nacida en el semidesierto coahuilense y que llevó para siempre con orgullo y distinción, el nombre de su querido pueblo donde nació siendo ni más ni menos que nuestro Cuatro Ciénegas.

Hay mucha historia en torno a doña Elvira (+), descrita por Mari Rosa y Eva, las vivencias en la Ciudad Prócer, sus recuerdos y el gozo de servir.

Mujer que dejó escrita en las páginas históricas de su solar nativo, cuando en el año de 1942, se convirtió en la décima Reina de la Feria de la Uva, la más hermosa Festividad que se realiza anualmente en todo el norte de la república, por su solemnidad y protocolo.

Doña Elvira fue parte de estas costumbres y tradiciones que forjaron el temple y carácter de la gente bien nacida, que siempre tuvo un corazón tan grande para ayudar al prójimo, que no le cabía en su pecho; he aquí la historia de su vida.

ELVIRA FERRIÑO DE RIDDLE.

2 de diciembre de 1925.

15 de agosto de 2020.

Elvira Ferriño de Riddle falleció en su hogar a los 94 años de edad en compañía de su hija Rosa Elvira y su fiel compañera de cuidados Adelaida.  Como no fue posible que la familia y parientes se reunieran, nos gustaría compartir su historia.

Elvira fue la segunda de seis hijos nacidos a Atilio Miguel Ferriño y Dora Ramos Morales en Cuatro Ciénegas de Carranza, Coahuila, México. 

Su padre administraba las Bodegas Ferriño, fundada por su abuelo Don Miguel Ferriño, un inmigrante italiano que trajo consigo el conocimiento de la elaboración de vinos.  Creciendo, mi mamá, sus hermanos y primos veían llegar jóvenes inmigrantes italianos buscando al abuelo esperanzados en conseguir trabajo. 

El papá de mamá también era el molinero de la región y en su hogar llamada ‘La Máquina’ tenían huertas de nogales, higos, rosa de castilla y parras. 

Ella recordaba los granjeros viniendo a ‘El Molino’ esperando su turno para moler sus cosechas de trigo y haciendo día de campo en los alrededores de la casa de sus padres.  Cada año los nogales se apaleaban y los higos se piscaban y secaban para vender. Los rosales se piscaban también y los pétalos se ponían a secar al sol para después venderse a laboratorios de perfumería. Siempre se apartaba un canasto grande de pétalos para la limpieza de primavera.

Todos los muebles de la casa se hacían a un lado y se regaban los pétalos de rosa en cada rincón de los cuartos, en el molino y hasta en el patio. Era tan fuerte el aroma de la rosa de castilla que uno sabía que estaba por llegar a La Máquina sólo por el perfume de la flor que se olía a medio kilómetro de distancia.

“A nosotros nos tocó ver esa temporada de primavera cuando coincidían con las vacaciones de semana santa. Además, Mamá nos llevaba cada año a pasar el verano con los abuelos y convivir con su familia y nuestros primos.  Después de cenar, mis tías sacaban las mecedoras y la primada se sentaba en catres de lona bajo cielos estrellados a oírlas cantar boleros a la luz de linternas quinqué.  Mamá hacía la primera voz, mi tía Dora segunda y tía Berta tercera”. 

“Esperábamos la llegada de parientes del pueblo que venían a visitarnos.  Siempre le fue importante a mamá que conociéramos a su familia (su papá fue uno de once hermanos y su mamá una de cinco) y conocer a su pueblo que tenía tantos lindos recuerdos para ella.  Para mis padres, fue primordial que mantuviéramos el idioma español.  Todos recordamos que mamá se hacía la sorda cuando le hablábamos en inglés y no contestaba hasta que lo dijéramos en español”.

“Un año después de que mamá terminara primaria, el nivel más alto de estudios que se ofrecía en su pueblo, ella y su hermana mayor Dora, se inscribieron en un internado católico ‘El Saltillense’ en Saltillo, Coahuila.  Allí, cursaron secundaria y comercio.  Una vez terminados sus estudios, las dos hermanas regresaron a Cuatro Ciénegas.  En 1942, a la edad de dieciséis años, mamá fue elegida reina del festival de su pueblo y fue coronada Elvira Iª, Reina de la Feria de la Uva.  Fue la primera vez que usaba tacones y fue un verdadero acto de equilibrio tener que caminar la pasarela para llegar a su trono en la Plaza de Toros”.

“Mamá permaneció en Cuatro Ciénegas y trabajó como secretaria en una bodega.  No le faltaban pretendientes.  Uno en particular no fue del agrado de sus papás y para alejarlo de ella tomaron la decisión de enviarla lo más lejos posible con uno de sus primos mayores que vivía en Rochester, NY.  Mi abuelo y su yerno la llevaron a San Antonio y allí abordó el tren con destino hacia el estado de Nueva York”. 

“Mamá permaneció en Rochester por casi un año, experimentando el implacable frío y maravillosa nieve.  Helen, la esposa de su primo en Nueva York la creía muy chiquiada pues mamá no sabía usar aparatos eléctricos como la lavadora, secadora, aspiradora o licuadora.  ¿Cómo? Si estaba acostumbrada a barrer, trapear, lavar a mano, y planchar con plancha de fierro.  Una vez que le perdió el miedo a lo eléctrico, pudo ayudar en los quehaceres de la casa”.

“En 1951, mamá acompañó a su papá, a la celebración de las Bodas de Oro de Eduardo y Severita Riddle en Eagle Pass.  Eran tíos del esposo de su hermana.  Cuando mi abuela paterna vió a mi mamá se aseguró de presentarle a su hijo Octavio Rodolfo. Al parecer, Severita, mi abuela trabajó rápido pues el 29 de julio de 1952, Elvira Ferriño y Octavio Rodolfo Riddle se casaron en Allende, Coahuila.  Después de su luna de miel en Michoacán, se vinieron a radicar a Eagle Pass”.   

“Elvira y Octavio tuvieron seis hijos.  Elvira Elena, quien murió al nacer, Rosa Elvira, María Isabel, Eva Lucía, Eduardo Atilio e Enrique Octavio.  Para ayudar a sobrellevar la pérdida de su primera hija, papá y su hermana, Tía María, ambos maestros en el distrito escolar de Eagle Pass, animaron a mamá a tomar clases de High School.  Ella siguió el consejo y con la ayuda de nuestro papá, quien fue uno de sus maestros, obtuvo su ‘High School Diploma’”.

“Mamá fue muy dedicada a su familia y una mujer de mucha fe.  Nuestra familia estudió en la escuela católica del pueblo ‘Nuestra Señora del Refugio’ que llamábamos de cariño ‘el convento’.  Mamá se dedicaba a participar en todos los festivales para recaudación de fondos para la escuela.  También fue miembro del grupo de Las Guadalupanas, La Sociedad del Altar y Ministro de Eucaristía.  Le gustaba participar en el coro de la misa en español”.

“Recordamos a mamá como una mujer muy emprendedora pasando horas en la máquina de coser, siempre cociéndonos vestidos y cuando más grandes, nuestros vestidos de fiesta.  Siempre buscando la manera de aportar al presupuesto de la casa, vendía Enciclopedias ‘World Book’ a familias como recurso educativo”.

“Después de la celebración de ‘Acción de Gracia’, nuestra casa se convertía en una minifábrica de tamales, haciendo sus tamales rojos y verdes para vender durante la temporada navideña.  Tan famosos eran sus tamales que un año recibió una llamada del ‘King Ranch’ para una orden de 60 docenas de tamales que querían servir en una cena donde iban a estar Lyndon B. Johnson y el Shah de Irán.  Nosotros nos maravillábamos de ver su habilidad como ella y su ayudante Doña Licha podían entregar tantas órdenes a tiempo sin economizar”. 

“Además, mi mamá fue sustituta en la ‘High School’.  El subdirector, Jesús Rubio, siempre pudo contar con ella para aceptar sustituir cualquier materia a pesar de su limitado inglés.  Durante un año escolar mamá enseñó español con la ayuda de mi Tía, su cuñada, con todos los requisitos incluyendo desarrollo del plan de estudio asegurándose que los estudiantes no se perdieran de esta importante materia”.

“Mamá tuvo una enorme cantidad de amistades y conocidos en ambos lados de la frontera ya fuera por su círculo social, su trabajo de voluntaria en la iglesia, actividades en la Mesa Redonda de Pan American o como orgullosa miembro de Texas Aggie Mom’s Club.  Para ambos mi papá y mi mamá, la herencia más grande que le puedes dejar a tus hijos es la educación”. 

“Debido a su motivación, sus tres hijas, Rosa, Mari y Eva fueron estudiantes de intercambio en Austria, Canadá, y Australia. En su lugar, ya que sus tres hijas no estaban, mamá recibió y les dio la bienvenida a tres hijas adicionales Terezinha de Brasil, Shelly de Sudáfrica y Anne-Marie de Austria.  Anne-Marie se encariñó tanto con la familia que sigue correspondiendo con nosotros”.   

“Enrique, el menor, aunque mamá hubiera preferido que se quedara en casa cursando la ‘High School’ fue becado al internado de una distinguida ‘Prep School’ en Connecticut.  El resultado fue que todos nosotros nos recibimos de universidades reconocidas – Brown University, Texas A&M, University of California Los Angeles, y University of Texas Austin”. 

“Varios seguimos en graduarnos con maestrías.  Nuestras vidas profesionales nos han llevado a trabajar en México, Centro y Sudamérica, Europa y a través de todos los Estados Unidos y Canadá. Seguramente para mamá al visitar familia en México le fue incómodo responder al bombardeo de preguntas sobre cuándo sus hijas se iban a casar y hacerla abuela.  Mamá solo respondía:…si están contentos yo también lo estoy”. 

“Mamá se entregó de completo a ser una cuidadora.  Ella cuidó de su hermana, su suegra, su mamá, su esposo y su cuñada durante los últimos años de sus vidas.  Y es aquí que nosotros los hermanos Riddle Ferriño les debemos nuestra gratitud hacia todas las amistades queridas de mamá, sus ángeles terrenales, que nos permitieron tenerla en su hogar en Eagle Pass hasta sus últimos días. También hay que agradecer a sus proveedoras quienes con mucho cariño se aseguraron de que mamá estuviera siempre cómoda y bien atendida.  Gracias, muchas gracias y que descanse en paz nuestra querida madre Elvira”.

 Elvira Ferriño Riddle es precedida por la muerte de su esposo Octavio R. Riddle y su cuñada María I. Riddle.  Le sobreviven sus hijos Rosa Elvira, María Isabel y Jeff Tsuji (esposo), Eva Lucía y Stephen Hooker (esposo), Eduardo Atilio y Gloria Vidal (esposa) y Enrique Riddle y Susan Badarack (esposa), así como varios nietos y bisnietos.

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